¿Dictadura Total, o Liberación Nacional?
¿Y después qué?
Mucha gente, especialmente la ignorante,
desea castigarte por decir la verdad, por ser correcto, por ser tú. Nunca te
disculpes por ser correcto, o por estar años por delante de tu tiempo. Si estás
en lo cierto y lo sabes, que hable tú razón. Incluso, si eres una minoría de
uno solo, la verdad sigue siendo la verdad. Mahatma Gandhi
La
libertad no es solamente que se respete la propiedad privada. O que los medios
periodísticos digan lo que les venga en gana sin temor a represalias. No se
tiene libertad sin salud ni educación de calidad. La calidad de vida óptima es
indispensable para que un hombre sea libre.
Sin pleno empleo bien remunerado, con índices bajos de participación y
precario acceso a bienes y servicios en un medio ambiente desprotegido, no hay
libertad que valga. Sin seguridad ciudadana ni social, en medio de un caos que
ha servido a las dos (2) hampas (la
común y la política) que lideran al País, para llevar día a día sufrimiento,
penalidad, dolor y muerte, a decenas de
miles de familias venezolanas, seguir
hablando de libertad es un eufemismo.
Estoy
convencido de que es imposible lograr que el País pueda reconstruirse en el
corto, o en el mediano plazo. Incluso, si planificamos con actores similares a
los que hemos estado acostumbrados en las últimas décadas, es posible que en el
largo plazo tampoco se logre.
Todo
está por hacerse, el reto es bien serio.
En un país tan joven como el nuestro,
construir futuro es más cuestión de persistencia y emprendimiento, que
de esperanzas. No olvidemos que cuando llega la fe, se quema la ciencia.
¿Acaso
esto es una Democracia?
Para
que pueda creerse o medianamente pensar en la existencia de una real voluntad
política, como ineludible iniciativa, es indispensable plantear la reducción
del gasto fiscal. No es suficiente salir de este nefasto Gobierno. Es necesario
rediseñar de inmediato, reconducciones presupuestarias que desmantelen el
desproporcionado gasto derivado del aparato burocrático. No hacerlo, sería más de lo mismo; y a eso
voy: Hago esta afirmación con toda responsabilidad, porque nadie puede negar u
ocultar la enorme dependencia clientelar de millones de venezolanos, que parasitan bajo la sombra del Gobierno
Central, desde centenares de Instituciones burocráticas, a las que hay que
sumarle Gobernaciones de Estado,
Alcaldías, Concejos Municipales, Consejos Legislativos y toda esa
malsana y extensa lista de organismos clientelares improductivos que pesan sobre
el Erario Público sin beneficios productivos.
Incluida por supuesto, la Reserva militar.
Tal
y como cómo ha sucedido en los últimos doscientos años, mientras persista ese
gigantesco elefante blanco en la mentalidad venezolana clientelar; Con chavismo
o sin él, la gran piedra de tranca para el avance del País será esa. La
solución no estriba solamente en cambiar de gobierno porque es malo. Los que
erraron garrafalmente en el manejo de las finanzas públicas venezolanas durante
décadas, antes de que emergiera el nefasto descalabro del socialismo del siglo
XXI, son en gran medida los mismos actores que amparados en andamiajes
burocráticos clientelares, hoy vegetan
en el gobierno y en la oposición.
Algunos
países vecinos en nuestro hemisferio, transitan económica, social, cultural,
ambiental y políticamente, con expectativas de sustentabilidad muy superiores a
las nuestras. Acá seguimos empeñados en transitar los caminos tortuosos de la
demagogia, el populismo y la politiquería clientelar, burocratizada y parcelada
en jurisdicciones, según se trate de Ayuntamientos, Gobernaciones, Cabildos,
Concejos o Alcaldías.
El
País anda mal.
El
estancamiento, la involución, el
oportunismo, la inmediatez, la
improvisación, el “resuelve” del día a día, la acción política que impulsa la
cotidianidad, la dádiva hecha costumbre; son solo algunas de las causas y
efectos de la nefasta politiquería, tan
entronizada en sociedades atrasadas como la nuestra, y que solo persiguen
satisfacer la insaciable sed de privilegios de unos pocos, por vía de
mecanismos clientelares.
Líderes
astutos, sin formación intelectual, “patean” calles buscando votos que les garanticen su
permanencia en cargos burocráticos con acceso a presupuestos y erarios públicos
desde donde vegetan a través de la dádiva y la prebenda electoral. A eso se
reduce la acción clientelar política que mueve al País. La popularidad del
líder se fundamenta en el manejo de los recursos, que privilegian a unos pocos
enchufados, que a su vez fagocitan en pirámides sectoriales manejadas a punta
de real. Desde los Gobiernos Central y Regionales, independientemente de su
tinte político, la característica que los distingue es esa. La acción política
clientelar. Y es así, porque siempre ha sido así. Así era en el siglo diecinueve
(IXX); así fue a lo largo del siglo veinte (XX); y así es hoy,
en el siglo veintiuno (XXI).
No
es tarea fácil. Si lo fuera, ya este descalabro se hubiera enmendado hace
tiempo. ¿Pero porque somos así? Porque
la esencia y la sustancia que compone las cosas y endereza los entuertos, es el
hombre. Y el hombre nuestro. Los venezolanos de pura cepa, de los que nos
vanagloriamos a cada rato, por cualquier
causa, que no viene al caso analizar o saber si es buena, mala o nimia, son la justa medida de lo que
siempre hemos sido. Ciudadanos de tercera. Mediocridad en pasta. Nos hemos
reído siempre de todo y de todos, sin reparar siquiera en lo que somos y hemos
sido en el tiempo. Una eterna morisqueta. Gobernados por Caudillos y Líderes
mesiánicos, a la sombra de camarillas y cogollos, que siempre manejaron las
riquezas de un inmenso país rico, con una inmensa población pobre. Dolorosa
realidad, que se agudiza, cuando vemos que son los hombres; nuestros hombres;
los venezolanos de pura cepa; quienes no supimos, ni sabemos aún sembrar el
petróleo.
Si
ganamos las parlamentarias, cambiamos el País,
porque desde allí lo vamos a defender. MENTIRA!
O
sea, desde el Parlamento. ¿El mismo Parlamento que hemos visto a lo largo de
estos dieciséis (16) años degradarse hasta llegar a convertirse en la
vergonzosa guarida que refugia y protege impunemente a quienes permiten la
sistemática violación de los derechos constitucionales de millones de
venezolanos ante la mirada cómplice de quienes han aceptado el macabro juego del
colaboracionismo?
Hablen
en criollo y dejen de babearse ante el pueblo. Las cosas hay que llamarlas por
su nombre. Los que roban son ladrones, y quienes prevarican son delincuentes.
La
verdad duele, pero es la verdad…
Lorenzo
García Tamayo Isla de
Margarita, 19 de abril de 2015.
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