sábado, 9 de abril de 2016

Conciencia y Salud: El Delito de ser pobre


Conciencia y Salud: El Delito de ser pobre
 
Publicado: 2016-03-31 02:09 / Visitas: 227

                                            Por: Pedro Arcila Poyer (*)    

El título tiene relevancia por múltiples razones. Hace algo más de veinte años fue utilizado para un editorial del diario New York Times, a propósito de la discusión por el caso de una paciente con cuadro de Lupus Eritematoso Sistémico avanzado, quien solicitaba recursos para trasplantes múltiples y fue negada por la administración federal de los Estados Unidos, bajo argumento de que con esos recursos se atendían 700 pacientes embarazadas. Los opinadores de la izquierda tradicional venezolana (en gobierno desde hace 18 años), convirtieron por vez primera al diario “voz de la oligarquía”, en una especie de monje paulista por “defender el derecho a la vida”, de una persona a quien los procedimientos no garantizaban éxito, ni calidad de vida para la misma paciente y sus familiares; mas, si implicaba centimetrajes de prensa para la autoflagelación y la publicidad lastimera de proyectarse en base al dolor ajeno.
Hace quince años, surge una nueva discusión cuando los bioeticistas de América Latina boicotean la reunión para el “Consenso de Chile”, con respecto a las reglas y procedimientos para investigación en seres humanos; las trasnacionales farmacológicas proponían “usar productos en períodos de experimentación para el tratamiento de VIH en paciente de países epidémicos, que no contaran con recursos para financiar tratamientos masivos”. Gracias al boicot, se logró el consenso de Sídney, que permite “usar drogas en proceso de pruebas que se haya demostrado no tienen efectos colaterales, en seres humanos”.
He hecho referencia a los sucesos anteriores, conocidos para algunos, desconocidos para otros, ante la circunstancia actual que vive el sistema de salud venezolano. Escuchamos diariamente en voz de los funcionarios del estado, y repetido por efecto simbiótico entre la ignorancia y el descaro que adornan a los gobierneros de oficio; esos que cambian de color y guía ideológica según el momento y la organización que ejerce funciones administrativas. Es lo mismo legislar, dirigir una unidad administrativa, o contratar obras sin llegar a su ejecución total, siempre en nombre de la “ideología” que no es otra que el “bolivarismo” como forma de existencia y que borra todo vestigio de pudor y vergüenza. La gestión en salud en Venezuela ha caído en manos del aventurerismo, la impericia y el desconocimiento que conlleva al descalabro, la falta de coherencia y con ello a la improvisación donde la victima final es el ciudadano con menos recursos económicos, ese que no cuenta con un seguro médico o con la capacidad financiera para acudir a los centros privados de atención (por cierto también hostigados con afán de hacerlos desaparecer), y así hacer realidad la letra de la canción de Alí Primera; más vigente hoy que nunca: “El gobierno ha prometido acabar con la pobreza, de vido, si el pobre muere es fácil cumplir la meta”
A partir del año 2.005 el régimen auto proclamado “pueblo”, hace énfasis en la defensa de sus prerrogativas en contra de los ciudadanos. Se llegó al colmo de la irresponsabilidad hostigando el ejercicio profesional de la salud, impulsando la fuga de cerebros hacia otros países en busca de mejores salarios, de seguridad social y personal; mientras se arraigaba en la improvisación -¿Quién no recuerda a la inefable Ministra Sader?, ¿O al Ministro Jesús Mantilla?, el mismo que llegó a decir que “las palabras epidemiología o estadísticas no están en mi diccionario” – contratos mil millonarios en la construcción y reparación de hospitales que nunca terminaron, importación de productos clínicos sin control de calidad, vacunas con vehículos de dudosa seguridad y eficacia; y para colmo colocar en atención frontal en los centros médicos, a personas operadoras políticas sin la formación básica para vestir una cama de paciente o movilizar una camilla, muchos menos para atender la condición de salud de un ser humano, (ojo: hay gente muy valiosa estafados en su buena fe, que hay que rescatar y darles formación, lamentablemente no es la mayoría).
Acá se cumplió un suceso al que se opuso la comunidad bioética latinoamericana, experimentar con los pobres. El gobierno niega los recursos para satisfacer las necesidades sanitarias; no obstante, genera recursos para compra de lujosos vehículos para publicitar “misiones” inoperantes y rostros de personajes descarados que se presentan como “candidatos a cualquier cosa”. Gasta miles de dólares en propaganda en canales de televisión extranjera sobre una supuesta “Guerra”; y perdió hace rato la batalla contra un mosquito que ha sembrado de terror a la población venezolana. Hoy además, el gobierno incentiva un conflicto laboral, (tiene que buscar una causa para justificar su fracaso), no cancela salarios, desmejora las condiciones de trabajo y para colmo utiliza operadores políticos sin conocimientos técnicos para el ejercicio administrativo.
Finalmente, el objetivo más importante de este juego satánico es el hombre, la mujer o el niño, quien no cuenta con recursos para tratar su enfermedad, estimular su necesidad negándoles agua potable y tratamiento de aguas servidas; imponiéndoles las reglas de la ley del más fuerte para obtener comida, y más allá, incentivándolo a enfrentar a quienes están de manos atadas para resolver sus situaciones de salud. El principal delito del ciudadano venezolano en la hora actual, es SER POBRE, el estado negligente con su omisión lo sentencia diariamente y la pena no es otra que LA MUERTE

(*) Presidente del Frente Democrático por la Libertad y para el Desarrollo (FDLD)

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